“El huesito me cuenta que apareció la prueba”: el desgarrador testimonio de los familiares tras la identificación de los desaparecidos en Córdoba

Tras cinco décadas de silencios, incertidumbre y una incansable búsqueda colectiva, la verdad científica y judicial se abrió paso en Córdoba. En una emotiva conferencia de prensa colmada en los Tribunales Federales, la Justicia dio a conocer las identidades de Néstor Albino Acosta, Pascual Delfín Ludueña, Claudio Norberto Nardini, Cecilia Alicia Pessina de Ávila, Mónica Protti de Guillén, Mercedes del Valle Ramírez, María Luisa Salto y Juan Carlos Soulier, cuyos restos fueron recuperados en el sector conocido como Loma del Torito, en el predio del excentro clandestino La Perla.
Las identificaciones, logradas a través del riguroso trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial provincial, permitieron que los familiares comiencen a cerrar un doloroso ciclo de ausencia. Lejos de las cifras frías de un expediente, detrás de cada nombre hay historias de vida truncadas por el terrorismo de Estado y relatos familiares atravesados por el desgarro.
Voces que abrazan la memoria
El dolor transformado en testimonio dejó frases imborrables entre los parientes de las víctimas, quienes reafirmaron que la lucha por los derechos humanos sigue más vigente que nunca.

Una familiar de María Luisa Salto recordó que la joven estudiante de Medicina tenía “sueños, ideales y, como todos sus compañeros, el anhelo de una sociedad mejor”. Aseveró con firmeza: “No murió, fue asesinada por un Estado de terror, una dictadura cívico militar que hizo lo imposible para borrar todas las huellas”. Tras señalar que sus restos descansarán en Cipolletti junto a los de sus padres y un hermano, advirtió: “Pero también somos conscientes de que esto no termina, que hay que seguir la lucha por la memoria, verdad y justicia”.
Por su parte, la hermana de Cecilia Ávila —secuestrada en 1976 en presencia de su hijita en un operativo que también destrozó a su padre— relató el impacto de la noticia: “Esta tremenda noticia me sorprendió absolutamente, me conmovió el hallazgo”. Al referirse a la restitución de parte de los restos de su hermana, confesó: “El huesito me cuenta que apareció la prueba. Eso que yo, por años traté de demostrar sobre su desaparición, estaba. Tenemos la constancia de que fue secuestrada y asesinada”. Para ella, la herida cicatriza en parte, pero aclaró que “no significa olvido, sino compromiso para seguir trasladando la historia a las nuevas generaciones”.

El momento de mayor emoción en la sala llegó de la mano de Sebastián Soulier, hijo de Juan Carlos Soulier (apodado el Negro). Visiblemente conmovido y sin poder contener las lágrimas, expresó: “Es un montón, estoy muy contento, alegre y emocionado. Las lágrimas se me caen solas de la alegría”. Relató que sus padres y su tío fueron secuestrados cuando él era un niño, en agosto de 1976. Aunque el paradero de su mamá y su tío sigue siendo un misterio, siente que ahora puede abrazar a su papá que “volvió de ese lugar oscuro”. Y concluyó: “Soy el hijo de Juan Carlos Soulier, pero me puse el pañuelo blanco porque no vengo solo acá. Hace 50 años que muchas familias buscamos a los desaparecidos. Esto es un logro colectivo”.
La reconstrucción de una identidad colectiva
La hermana de Néstor Albino Acosta remarcó el profundo significado que tiene para su núcleo íntimo este avance científico: “Hoy luego de 50 años de lucha podemos decir que Néstor está aquí, presente, con nosotros. Dejó de estar ausente o de tener la condición de desaparecido, y eso es muy valioso”. Asimismo, destacó que “toda la lucha dio sus frutos para que la verdad salga a la luz” gracias al esfuerzo sostenido de los organismos de derechos humanos y los equipos técnicos.
Desde otra perspectiva, Rosa Ludueña, sobrina de Pascual Delfín Ludueña (Tolo), reflexionó sobre el rastro físico e histórico que dejó su tío: “De él encontraron un hueso del pie. El pie deja huellas. Él dejó una huella muy importante en nuestra familia y esperamos que en todos aquellos que todavía no comprenden la magnitud de lo que sucedió”. A su turno, una de las hermanas de Mónica Protti de Guillén compartió una mirada poética para aceptar el doloroso reencuentro: “Personalmente, antes de este hallazgo era reticente a que me entregaran un huesito, pero cuando se dio el hecho se me hizo presente el verso de una canción que dice ‘desordené átomos tuyos para hacerte aparecer’. Eso me reconcilió con el hallazgo”.
Finalmente, a través de una carta escrita por María Alejandra Jerez Bodereau —hija de Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, también identificado recientemente—, la familia resumió el sentimiento colectivo de los presentes: “La felicidad de poder darle un cierre a esta dolorosa búsqueda y que la incertidumbre de saber cuál fue su destino haya tenido una respuesta final nos genera un sentimiento indescriptible que nos colma de una profunda paz y felicidad”.
Con estas nuevas identificaciones, ya son 38 las personas desaparecidas halladas en La Perla e identificadas por el EAAF, consolidando un camino donde la ciencia, la justicia y la memoria se abrazan para decir Nunca más.