Ni Una Menos en Córdoba: el dolor por Agostina transformó la marcha en un masivo pedido de justicia
Miles de personas se movilizaron bajo la lluvia en la capital y el interior provincial.

Ni la pertinaz llovizna que comenzó a caer sobre la ciudad en horas de la siesta pudo frenar la fuerza, la fiereza y la fortaleza de una multitud. Este miércoles 3 de junio, a 11 años de la primera marcha histórica, miles de ciudadanos y organizaciones feministas coparon el centro de la capital cordobesa. La marea humana se concentró en la emblemática esquina de avenida Colón y La Cañada y desde allí se trasladaron hasta la esquina de bulevard San Juan y avenida Vélez Sársfield
Junto al grupo de mujeres de las agrupaciones organizadoras, con la bandera barredora, encabezaron la marcha Elizabeth y Miguel, los abuelos de Agostina por la línea materna, y un tío y una tía de la menor. Fue la abuela, una de las que habló: “Cuando el fiscal Garzón nos recibió, cambió todo en la causa, ahí empezaron a moverse, ahí empezaron a buscar en serio, el día martes”.
“A mi nieta ya la había matado, pero que la encontraran ese mismo día en la dirección que nosotros dimos hubiera sido distintos. No nos hubieran torturado todos estos días, fue una tortura y sigue siendo una tortura porque a mi nieta la siguen matando y a mi hija, están encarnizados con mi hija; mi hija es víctima igual que su hija”, agregó Elizabeth ante los micrófonos.
La movilización de este año tuvo un motor de indignación y dolor urgente: el reciente femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que buscaron desesperadamente durante siete días y cuyo cuerpo apareció el sábado pasado en un descampado de barrio Ampliación Ferreyra. Su desaparición transformó el reclamo original de búsqueda en un masivo pedido de justicia que atravesó y conmovió a toda la provincia, sumado al impacto por el crimen de Dulce María Beatriz Candia.
En las calles céntricas se mezclaron las banderas con los sentimientos a flor de piel. Hubo abrazos, lágrimas y un grito a voz pelada de “Justicia por todas y basta de femicidios”. De la marcha participaron colectivos feministas, agrupaciones sociales, sindicales y partidos políticos, mayoritariamente de izquierda y progresistas, bajo la consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”.
La lectura del documento en el cierre de la movilización frente a la multitud dejó en claro el corazón del reclamo. Con el nombre de Agostina Vega a la cabeza de una larga lista de víctimas de la violencia machista, las organizaciones denunciaron la inacción del Estado y la desprotección absoluta que sufren las mujeres y niñas en los barrios populares. El texto apuntó contra la falta de aplicación de alertas a tiempo por parte del Poder Judicial y exigió un presupuesto real para prevención, acompañamiento territorial y capacitación obligatoria en género.
Asimismo, las columnas sintonizaron el reclamo local con el escenario nacional al repudiar el desmantelamiento de los programas oficiales de abordaje de las violencias. En un encendido rechazo a los discursos oficiales de la Nación que niegan la figura del femicidio, el documento exigió respuestas urgentes y reparación para las sobrevivientes, transformando la bronca de las calles en un pliego directo de exigencias políticas y judiciales.
El peso de la jornada se sintió también en las aulas. Tras una reunión entre la UEPC y el secretario de Educación, Luis Franchi, el Ministerio de Educación de Córdoba autorizó el retiro anticipado de docentes y estudiantes del turno tarde a partir de las 16 para garantizar la participación en las marchas sin computar inasistencias. Desde el gremio docente exigieron además que el próximo miércoles se desarrollen jornadas de reflexión en las escuelas y pidieron la restitución de las jornadas nacionales “Educar en Igualdad” de manera sostenida durante todo el año.
La convocatoria en la capital se dividió en dos turnos en Colón y La Cañada —las agrupaciones de “Alerta Feminista” a las 17 y la “Asamblea Ni Una Menos” a las 18—, pero la movilización replicó su fuerza con réplicas en Río Cuarto, Villa María, San Francisco, Villa Carlos Paz, Alta Gracia y Río Tercero.
A más de una década del primer grito, Córdoba demostró que el dolor por las que ya no están sigue siendo el motor para defender lo conquistado frente a cualquier marea regresiva.