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octubre 14, 2026
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“Lo que no se ve también importa”: referentes y deportistas debatieron sobre discapacidad visible e invisible en Córdoba

Este miércoles, la Legislatura de Córdoba fue escenario de la actividad “Lo que no se ve también importa. Diálogos y experiencias de la discapacidad visible e invisible”, desarrollada en el marco del Día Mundial del Bastón Blanco. El encuentro convocó a personas con discapacidad, familiares, referentes y profesionales para conversar sobre autonomía, accesibilidad, diagnóstico y derechos.

El conversatorio reunió a Eduardo Petrini, asesor legislativo; Daniel Iturria y Nahuel Heredia, futbolistas profesionales de Los Murciélagos, la selección argentina de fútbol para ciegos; Claudia Pimienta Ávalos, referente provincial de Alapa Córdoba; Julián Bronstein, creador de Plaki y la Sorimanchi; y Carola Narváez, licenciada en farmacia e integrante de la Fundación Argentina de Enfermedades Raras. Además, acompañaron la jornada los legisladores Carlos Carignano, Patricia Botta y Carmen Suárez; Thelma Galdeano, directora de Gestión de Datos de la Unicameral; y la coordinadora de la Mesa de Inclusión y Diversidad, Fernanda Carmona.

Una de las primeras cuestiones que apareció durante el intercambio fue la distancia entre los derechos reconocidos y las condiciones reales para ejercerlos. Las dificultades para circular por una vereda, acceder a espacios sociales o recibir asistencia adecuada forman parte de la vida cotidiana de muchas personas con discapacidad.

“El hecho de poder caminar por una vereda de manera digna es realmente una odisea para una persona que no ve”, expresó Carignano, presidente de la Comisión de Promoción de Derechos de Personas con Discapacidad.

El bastón y la autonomía en movimiento

Durante el encuentro también se explicó la función de los distintos bastones utilizados para identificar necesidades vinculadas con la discapacidad visual: el blanco, asociado a las personas ciegas; el verde, a las personas con baja visión; y el rojo y blanco, a las personas sordociegas.

La experiencia de uno de los participantes, Daniel Iturria, permitió recorrer el camino hacia la autonomía desde una historia personal. A los 13 años comenzó a perder la visión. Cuando esta disminuyó considerablemente, dejó de salir de su casa y su relación con el mundo se volvió más limitada. El acompañamiento de un familiar, que le acercó un bastón y una oportunidad de vincularse con el deporte, marcó un cambio en su vida.

“Fue un antes y un después porque empecé a involucrarme con personas ciegas y aprendí muchas cosas”, recordó.

El encuentro con otras personas ciegas le permitió aprender herramientas de movilidad, desenvolverse con mayor independencia e incorporarse a la práctica deportiva. En su testimonio también destacó la importancia de que una persona ciega pueda enseñar a otra a desplazarse de manera autónoma. Las experiencias de Iturria y Heredia, integrantes de Los Murciélagos, aportaron la perspectiva del deporte como espacio de participación, aprendizaje y construcción de vínculos.

Cuando una enfermedad no se ve

La conversación se extendió a las condiciones de salud que pueden pasar inadvertidas. “Hay muchas discapacidades que son invisibles. Entonces, esas también las queremos hacer visibles”, fue una de las reflexiones compartidas durante la actividad.

En ese marco, se abordó la problemática de las enfermedades poco frecuentes y las demoras que pueden atravesar las familias hasta obtener un diagnóstico. Al respecto, el médico pediatra Esteban Herrero, jefe de Unidad de Cuidados Intermedios del Hospital Misericordia, señaló que estos procesos “lamentablemente pueden extenderse durante años”. Asimismo, destacó la importancia de escuchar a madres y padres, prestar atención a sus observaciones y no subestimar sus preocupaciones, remarcando que contar con un diagnóstico permite mejorar la calidad de vida, incluso cuando una enfermedad no tiene cura.

Psoriasis, empatía y herramientas lúdicas

Otro de los testimonios permitió conocer las consecuencias sociales y emocionales de convivir con psoriasis, una enfermedad crónica con manifestaciones visibles en la piel que no es contagiosa.

Julián Bronstein, creador de Plaki y la Sorimanchi, compartió la experiencia que dio origen a un proyecto de cuentos y personajes pensado para acompañar a niñas y niños que reciben un diagnóstico de afecciones cutáneas. Bronstein explicó que la iniciativa surgió de la búsqueda de herramientas para abordar en la infancia emociones como el miedo, la vergüenza y las ganas de esconderse, acercando los cuidados cotidianos mediante ilustraciones y recursos lúdicos.

La experiencia abrió una dimensión fundamental del debate: tener una condición visible no significa que los demás comprendan lo que implica, ya que mientras las marcas en la piel son evidentes, el dolor, el agotamiento y las necesidades de cuidado suelen permanecer ocultos.

A lo largo del encuentro, los relatos reafirmaron que la accesibilidad, la inclusión laboral, el diagnóstico oportuno y la formación de quienes atienden al público son claves indispensables para garantizar derechos y construir una sociedad más inclusiva.