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agosto 10, 2026
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Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 empleos privados formales

Un informe del Banco Provincia revela que los asalariados informales representan actualmente la mayor proporción del total de asalariados de los últimos 20 años.

La economía argentina creció, pero el empleo formal se destruyó. Esa paradoja es el eje de un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia que pone en números un fenómeno que viene acelerándose desde finales de 2023.

Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 puestos asalariados del sector privado registrado, una caída del 3,7%. La magnitud supera incluso la destrucción de empleo que se registró durante la crisis de 2018-2019, cuando la baja fue del 2,7%. La diferencia es que en aquel momento la economía también se contraía. Ahora no: entre diciembre de 2023 y abril de 2026, el nivel agregado de actividad creció alrededor del 7%.

El cuadro completo de la pérdida de puestos

Los 235.000 empleos privados registrados son solo una parte del deterioro. En el mismo período desaparecieron además 73.000 empleos públicos y unos 20.000 puestos en casas particulares. Del otro lado, se incorporaron alrededor de 150.000 monotributistas. El resultado neto fue una pérdida cercana a 180.000 puestos de trabajo en dos años y medio, equivalente a una caída del 1,4%.

El informe también rastreó qué le ocurre a un trabajador después de perder su empleo en blanco, utilizando los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. El hallazgo es contundente: de cada 100 asalariados privados registrados observados durante el primer trimestre de 2025, solo 76 seguían teniendo un empleo privado formal doce meses después. Es la proporción más baja de toda la última década, inferior incluso a los 79 de cada 100 que conservaban esa condición durante la crisis de 2018-2019.

No es desempleo: es precarización

El punto más relevante del análisis no es la pérdida de trabajo en sí, sino hacia dónde van esos trabajadores. De los que modificaron su modalidad de contratación, más del 60% permaneció dentro del mercado laboral, pero casi todos lo hicieron en condiciones de mayor precariedad. Aumentó la proporción de quienes pasan desde un empleo privado formal hacia un puesto asalariado informal o hacia el cuentapropismo.

Los números de la composición del mercado laboral lo confirman. Entre el primer trimestre de 2024 y comienzos de 2026, los asalariados registrados del sector privado pasaron de representar el 32,4% al 30,5% del total de ocupados. Los asalariados informales avanzaron del 26,4% al 27,2%. Y el trabajo por cuenta propia tuvo un salto mayor: pasó del 25% al 28% del empleo total.

El resultado final de ese proceso es que los asalariados informales representan actualmente la mayor proporción del total de asalariados de los últimos 20 años, según el informe del Banco Provincia, que advierte que el fenómeno podría seguir avanzando.

Eso también explica por qué la tasa de desocupación, que subió de 6,9% en el primer trimestre de 2023 a 7,8% en el primer trimestre de 2026, no refleja del todo la magnitud del deterioro: una parte importante de quienes pierden su trabajo no pasa a engrosar el desempleo, sino que acepta un empleo de menor calidad. El informe encontró que aproximadamente uno de cada dos desocupados de 2024-2025 consiguió algún tipo de empleo durante el año siguiente, pero el 80% se incorporó a modalidades informales o precarias.

Cuatro fuerzas que transforman el mercado laboral

El economista Martín Tetaz identificó cuatro factores que actúan simultáneamente sobre el mercado laboral argentino: el cambio estructural de la economía, que favorece a los sectores exportadores y expone a mayor competencia a las actividades orientadas al mercado interno; el shock tecnológico impulsado por la inteligencia artificial, las fintech, el comercio electrónico y las plataformas digitales; la debilidad coyuntural derivada de la pérdida de actividad, salario real y crédito; y el nivel relativamente bajo del tipo de cambio real, que abarata los productos importados y presiona sobre los sectores que compiten con producción extranjera.

La construcción fue el sector con mayor destrucción absoluta de puestos: aproximadamente 60.600 empleos menos, una caída del 13,7%, afectada por el fin de la obra pública nacional y el freno del crédito hipotecario desde mediados de 2025. En textiles, confecciones, cuero y calzado la caída fue de alrededor de 26.000 puestos, un 21,5%, golpeada por la apertura importadora y el avance de plataformas de comercio electrónico transfronterizo como Shein y Temu.

En el sector financiero, la pérdida de empleo registrado convive con una migración desde la banca tradicional hacia billeteras virtuales y fintech. En minería y petróleo, el crecimiento de la actividad y las inversiones no generó una creación de puestos equivalente, dado que la extracción no convencional es intensiva en capital y tecnología pero no necesariamente en cantidad de trabajadores.

La economía argentina creció, pero el empleo formal se destruyó. Esa paradoja es el eje de un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia que pone en números un fenómeno que viene acelerándose desde finales de 2023.

Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 puestos asalariados del sector privado registrado, una caída del 3,7%. La magnitud supera incluso la destrucción de empleo que se registró durante la crisis de 2018-2019, cuando la baja fue del 2,7%. La diferencia es que en aquel momento la economía también se contraía. Ahora no: entre diciembre de 2023 y abril de 2026, el nivel agregado de actividad creció alrededor del 7%.