¡ÉPICA Y DESAHOGO! Argentina lo dio vuelta con el corazón en la mano y las calles cordobesas son un carnaval celeste y blanco

No habían pasado ni dos minutos del pitazo final y del épico desahogo de la Selección en el Mundial, cuando la tradicional esquina cordobesa de Bulevar San Juan y Vélez Sarsfield se convirtió en el epicentro de una locura colectiva incontrolable. El agónico gol de la victoria funcionó como una mecha: en un abrir y cerrar de ojos, una marea humana vestida de celeste y blanco inundó el centro de la ciudad, trepándose a los semáforos, revoleando banderas al viento y transformando el asfalto en un auténtico corsódromo improvisado. Los bocinazos ensordecedores se multiplicaron en una sinfonía de puro alivio por las avenidas Colón, General Paz y Emilio Olmos, mientras los abrazos eufóricos entre perfectos desconocidos se volvieron ley en cada esquina.

La explosión fue total en las calles de la capital. Desde los balcones de Nueva Córdoba y el centro bajaba el eco ensordecedor del “¡Muchachos!” mezclado con los acordes del mejor cuarteto, coronando una tarde donde la gente pasó del sufrimiento absoluto al delirio popular en una ráfaga de 11 minutos. Nadie quería quedarse adentro; los comercios bajaron las persianas para sumarse a la batucada y las banderas argentinas coparon absolutamente todo el paisaje urbano.



Pero la fiesta de la Docta no se quedó encerrada en los límites de la ciudad. Como un reguero de pólvora, la imagen de las calles colapsadas por la alegría se replicó de inmediato en cada rincón de la geografía provincial. Las plazas principales de Río Cuarto, Villa María y San Francisco se transformaron rápidamente en un mar de camisetas argentinas. En las sierras, las caravanas de autos hicieron temblar las calles de Carlos Paz, Alta Gracia, Río Cuarto, Villa María, San Francisco y Jesús María, extendiendo el grito de desahogo hasta las comunas y localidades más pequeñas del interior profundo. Córdoba, unánime, federal y apasionada, se unió en un solo e histórico festejo para demostrar que la ilusión de la copa se vive acá con una intensidad única, en una celebración que promete estirarse hasta altas horas de la madrugada.