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enero 24, 2026
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Marcelo Stancanelli y el desafío del fin del mundo: una travesía nacida en los ríos de Córdoba

El nadador de aguas abiertas afrontó uno de los desafíos más exigentes del sur argentino, cruzar el canal de Beagle y quedó inscripto en un registro internacional.

El Canal Beagle no concede ventajas. En el extremo sur del continente, ese corredor de agua que separa Tierra del Fuego de la isla Navarino funciona como una frontera viva, marcada por corrientes cruzadas, mareas intensas y un viento capaz de desorientar incluso a los más experimentados. “La ida ya es técnicamente difícil”, resume Marcelo Stancanelli. Por eso decidió ir más allá: cruzarlo y volver, en un solo esfuerzo.

El sábado 10 de enero, el nadador de aguas abiertas radicado en Cosquín desde 2009 concretó el cruce ida y vuelta del Canal Beagle, uniendo Argentina y Chile en una travesía de aproximadamente 3.250 metros, con el agua a 8 grados de temperatura. El tiempo total fue de 1 hora, 8 minutos y 59 segundos, registro que fue certificado por la World Record Certification Association (WRCA) y que lo convirtió en el primer argentino varón en completar el doble cruce con traje de neoprene.

“Es un desafío para cualquier nadador”, explicó Stancanelli. “Yo me lo planteé hace un año y venía entrenando específicamente para esto. En agosto se me ocurrió hacer el ida y vuelta, que era un desafío mayor”. La prueba, además, se inscribe dentro de un objetivo más amplio: nadar en aguas abiertas en todas las provincias argentinas. “La única que me faltaba de la Patagonia era Tierra del Fuego y la quería cerrar con el broche de poder cruzar el Beagle”.

La travesía comenzó a las 10.30, luego de una demora solicitada por la Armada de Chile debido al tránsito de buques en la zona, un paso marítimo de alta circulación. El punto elegido fue el sector más angosto del canal, entre Punta Mackinlay (Argentina) y Cabo Peña (Chile). El primer tramo se completó en 28 minutos. El regreso, en cambio, fue más exigente y demandó 41 minutos.

“Había mucha marea, mucha corriente, y a la vuelta se levantó el viento”, relató. “Eso hace que el avance se dificulte muchísimo. Por momentos parecía que estabas nadando en el mismo lugar”. La corriente lo empujaba hacia el este, en dirección al océano Atlántico, obligándolo a corregir constantemente el rumbo para no desviarse mar adentro.

Al llegar a la costa chilena, Stancanelli tocó tierra cuando el agua le llegaba a la altura de la rodilla, saludó a las autoridades presentes y giró de inmediato para iniciar el regreso. Mientras tanto, desde la organización se realizaban los trámites migratorios correspondientes. “La mitad del canal es Argentina y la otra mitad Chile, así que tuve que hacer la salida y la entrada en ambos países”, explicó.

El principal riesgo de la prueba era la hipotermia. Sin embargo, el frío no fue el mayor obstáculo. “Para el frío venía entrenado”, aseguró. Durante todo el invierno, su preparación tuvo como escenario los ríos y espejos de agua de Córdoba. Nadó en el dique de Capilla del Monte, con temperaturas cercanas a los 9 grados, realizó zambullidas en el río Yuspe y sumó sesiones de inmersión en hielo en su propia casa.

“Llenaba una bañadera con agua fría, bajaba la temperatura con botellas de hielo, medía con termómetro y cronómetro. Hacía inmersiones de 20 a 45 minutos”, detalló. “Eso te atempera mucho la cabeza, más que el cuerpo”.

Ese entrenamiento fue clave para sostener el esfuerzo durante más de una hora en las aguas del Beagle. “Sabía que después de una hora y media iba a empezar a sentir el frío en el cuerpo, pero nadando no lo sentí”, explicó. El traje de neoprene y el conocimiento previo de sus propios límites le permitieron mantenerse dentro de un rango controlado.

En ningún momento pensó en abandonar. “No, para nada. Ya cuando me metí al agua estaba ansioso por empezar a nadar. Lo disfruté todo el tiempo”, afirmó. El cansancio apareció, especialmente en el regreso. “Me exigió mucho, sobre todo las piernas, por la corriente”.

La logística estuvo a cargo de la Asociación Civil Beagle Team y contó con fiscalización oficial, acompañamiento médico permanente y la coordinación de las autoridades navales de ambos países. “El principal riesgo es la hipotermia, por eso iba un médico en la embarcación”, señaló.

Más allá de lo deportivo, la travesía fue también una inmersión en la naturaleza. “Iba disfrutando el paisaje, los bichitos que iban pasando por abajo, mucha fauna marina”, contó. Bajo el agua observó salpas y peines de mar, mientras que desde la embarcación se avistaron pingüinos, lobos marinos y ballenas a la distancia.

Exguardaparque nacional, con experiencia en el Parque Nacional Lanín y en la Quebrada del Condorito, Stancanelli lleva ese vínculo con el ambiente a cada desafío. Su consigna es clara: “Más bosques, más agua, más natación”.

El cruce del Beagle es un paso más dentro de un proyecto mayor. En febrero competirá en Posadas, Misiones, en una prueba de 10 kilómetros, y luego afrontará una travesía de 35 kilómetros en Corrientes, dos provincias donde aún no nadó. “No es tanto por los metros, sino por la dificultad del lugar”, reflexiona.

Nacido en Capital Federal y cordobés por adopción, vive en Cosquín desde hace más de quince años. Hasta el fin del mundo llevó un poncho coscoíno. Y también la marca de un entrenamiento silencioso, hecho en ríos serranos, que terminó encontrando su forma definitiva en las aguas heladas del sur.