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febrero 27, 2026
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El adiós a «La Texto Fabril»: 80 años de historia que se cortan de golpe

Tras el envío masivo de telegramas de despido durante el período de vacaciones, 29 trabajadores quedaron en la calle en Alta Gracia.

El tejido social y productivo de Alta Gracia sufrió este miércoles un desgarro que ninguna costura podrá remendar. En la calle Mateo Beres, donde desde 1946 el traqueteo de las máquinas de «La Texto Fabril» eran la banda sonora del lugar, el silencio fue total. Tras ocho décadas de entrelazar historias, la emblemática empresa textil soltó definitivamente el carretel, dejando a 29 familias cordobesas con los hilos sueltos y el alma descosida.

El cierre no es un hecho aislado, sino el fiel reflejo de la crisis, la recesión y la apertura de importaciones que termina por romper a quienes dieron su vida por sostener la empresa. Quedarse sin trabajo en estos días no es solo perder un sueldo; es ver cómo se pierde un proyecto de vida en un contexto donde el mercado laboral parece haber perdido el rastro de la empatía. La forma en que se comunicó el final añade una cuota de amargura difícil de digerir. Los trabajadores recibieron los telegramas de despido mientras cumplían un período de vacaciones forzadas. Para muchos, fue el cierre de una trampa: salir de licencia con la promesa de un descanso y encontrarse, de un momento a otro, con la puerta cerrada y un papel que les notificaba que ya no pertenecen a la empresa que ayudaron a levantar.

Gustavo Godoy es quizás el mejor ejemplo de lo que significa esta pérdida. Con 34 años de servicio en la fábrica, su historia personal se confunde con la de las máquinas. En diálogo con Puntal, Gustavo relató la angustia de los últimos meses, marcados por una incertidumbre que se sentía en el aire. «Empezamos con problemas, reducciones horarias, menos días de trabajo. Se cortaron las horas extras y la producción bajó drásticamente», explicó. Los rumores de venta o de reducción de personal circulaban por los pasillos, pero nunca hubo una respuesta clara de la patronal.

«Llegó el fin de año y estábamos igual. Pasó enero y ni siquiera nos daban aviso de vacaciones, hasta que finalmente nos dijeron que salíamos todos juntos. Eso nunca había pasado; cuando había trabajo, nos íbamos turnando para no frenar la fábrica», recuerda Gustavo. El desenlace ocurrió de la manera más cruda: «Ayer (por el miércoles) me llegó el telegrama a las dos de la tarde, estando nosotros de vacaciones, supuestamente. Así quedamos y acá estamos», sintetizó con una resignación que duele.

El drama no solo es individual, sino familiar. Entre los despedidos hay matrimonios donde ambos cónyuges trabajaban en la textil, lo que significa que de un día para el otro el ingreso del hogar desapareció por completo. Desde los gremios, la postura es de alerta y conflicto. María Villalba, dirigente de la Asociación Obrero Textil, denunció que la empresa incumplió las condiciones del procedimiento preventivo de crisis al que se había acogido. «Sabíamos que venían mal desde hace años, pero no cumplieron con su palabra», señaló. El conflicto ahora se traslada a la indemnización. Según Fernando Carraro, Secretario General de SETIA, la patronal pretende abonar solo el 50% de lo que corresponde por ley, amparándose en el artículo 247 que refiere a la falta de trabajo y jornada reducida.

Carraro relató a este diario una situación de extrema tensión en las negociaciones: «Están muy abnegados e incluso medio que amenazaron a los chicos: si no tomaban esa propuesta de indemnización al 50%, iban a llamar a quiebra y no le iban a pagar a nadie, o cobrarían en cuatro o cinco años cuando saliese el juicio». La defensa de los trabajadores exige el pago total, entendiendo que la crisis no puede ser la excusa para vulnerar los derechos de quienes dedicaron décadas a la firma. El contexto en el que se produce este cierre es el de una industria nacional golpeada por múltiples frentes. En los fundamentos de los despidos, la empresa menciona explícitamente la «profunda crisis económica», la recesión inducida, la carga tributaria y, fundamentalmente, la apertura de importaciones. Esta combinación ha sido letal para las textiles cordobesas, que ven cómo los productos importados ganan mercado frente a una producción local encarecida por los costos de energía y la caída del consumo interno.

Para los empleados, el abandono patronal fue gradual. Desde principios de 2025, la empresa había dejado de pagar aportes jubilatorios y contribuciones a las obras sociales. Muchos se enteraron de que estaban desprotegidos cuando asistieron a consultas médicas y se encontraron con que sus coberturas estaban suspendidas por falta de pago. A mediados del año pasado, los retrasos en las quincenas ya anticipaban que el final estaba cerca.

Hoy, Alta Gracia pierde un ícono manufacturero. Pero más allá de la historia del edificio o de la marca fundada en el 46, lo que queda es el vacío en 29 hogares. Para trabajadores como Gustavo, que entraron siendo jóvenes y salen con más de tres décadas de experiencia, el futuro es una hoja en blanco en el peor de los escenarios. El cierre de «La Texto Fabril» es el testimonio de una crisis que no entiende de trayectorias ni de lealtades, y que hoy deja a un grupo de trabajadores cordobeses peleando por lo poco que les queda en la puerta de una fábrica que ya no los dejará entrar.