Una mujer dio a luz en plena calle en Córdoba asistida por la Policía
La pequeña Roma y su madre fueron trasladadas de inmediato a la Nueva Maternidad Provincial, donde ambas permanecen fuera de peligro

Durante la mañana de este jueves, el calendario de la ciudad de Córdoba marcó un pulso distinto. Bajo un cielo plomizo y una lluvia persistente que humedecía el asfalto, el Barrio San Fernando se convirtió en el escenario de una de esas historias que reconcilian a la comunidad con el milagro del nacimiento. En la intersección de la calle Felipe Belardinelli al 3300, allí donde la rutina de las casas bajas suele ser la norma, el tiempo se detuvo para cederle el paso a la vida.
Eran las 08:31 cuando un llamado al 911 rasgó la frecuencia policial. Un vecino, con la urgencia en la garganta, alertaba sobre una situación límite: una mujer de 38 años se encontraba en pleno trabajo de parto en la vía pública. No había tiempo para esperas burocráticas ni para el arribo de una ambulancia que, en medio del tráfico matutino y la calzada resbaladiza, parecía una eternidad lejana.
Cuando los efectivos de la Policía de la Provincia de Córdoba llegaron al lugar, la realidad les impuso un desafío mayor al de cualquier patrullaje. La madre ya atravesaba el período expulsivo; la coronación fetal era visible. El nacimiento no era una posibilidad, era un hecho inminente que exigía manos dispuestas y mentes frías.
En el centro de esa sala de partos improvisada sobre un patrullero estaba un agente joven, de apenas tres meses en la fuerza. Sin ser padre y con la tinta del diploma todavía fresca, se encontró sosteniendo no sólo la situación, sino el inicio de una existencia. “Eran muchos nervios, pero me tocó actuar. Lo fundamental era darle tranquilidad a la madre”, relató el oficial en una entrevista posterior concedida a Puntal.
Su relato carece de la grandilocuencia del héroe de película, pero rebosa de la verdad del servidor público: “Al llegar, otros efectivos ya estaban asistiendo. Abrimos las puertas para generar contención y yo quedé del lado donde asomaba la cabecita. Minutos después nació. Es una beba”, dice con una sonrisa que le ilumina el rostro, todavía asombrado por el milagro que ayudó a parir.
Lo que siguió al alumbramiento fue una danza de urgencia coordinada que quedó registrada en las cámaras de seguridad. En el video se observa el despliegue frenético de las camionetas policiales surcando las avenidas, sorteando rotondas y zonas en obra bajo una lluvia que no daba tregua. Las sirenas y las balizas azules cortaban la penumbra de la mañana mientras los uniformados efectuaban un traslado crítico.
La logística de la emergencia fue dividida para garantizar la seguridad de ambas: la pequeña recién nacida fue trasladada en una de las unidades móviles, mientras que la madre, de 38 años, fue derivada en otro vehículo oficial. El destino final era la Nueva Maternidad Provincial. Las imágenes del arribo al centro de salud muestran a los agentes descendiendo rápidamente frente a la puerta de Guardia, entregando a la pequeña a los brazos del personal médico que ya aguardaba el desembarco.
“Más allá del uniforme, como persona, es un momento muy emocionante”, confesó a Puntal el joven agente.
La madre prefirió el silencio frente a las cámaras. Es el silencio de quien ha librado una batalla física y emocional. Roma, así se llama la beba, es su cuarta hija. Y aunque la experiencia de tres partos previos le otorgaba cierta sabiduría corporal, nada la preparó para el frío del asfalto como cama obstétrica.
Maternar es un acto de resistencia política y humana. En esa vereda de la calle Belardinelli, una red de apoyo se volvió real y sólida gracias a la formación policial. El joven agente, con sus escasos 90 días de servicio, fue el puente necesario. “Más allá del uniforme, como persona, es un momento muy emocionante”, confesó a Puntal, reconociendo que la formación en primeros auxilios que recibió hace apenas unos meses fue el salvavidas que le permitió no naufragar en el pánico.
En la Nueva Maternidad Provincial, el diagnóstico médico trajo el alivio final: ambas se encuentran fuera de peligro. A la beba la describen como «grandota y hermosa». Roma descansa ahora bajo las sábanas blancas del hospital, lejos del ruido de las patrullas y la lluvia que marcó su llegada.
La historia de Roma y el joven agente es una crónica sobre la presencia responsable. Es el recordatorio de que el servicio público no es solo control o persecución, sino esencialmente cuidado. El agente lo resume con una modestia que conmueve: “Creo que actué correctamente”.
La vereda del barrio San Fernando ha recuperado su calma habitual. Ya no hay sirenas ni gritos de aliento, pero en el aire queda flotando la certeza de que, incluso en los escenarios más adversos, la vida encuentra su camino cuando hay manos capacitadas para recibirla. Roma nació en la calle, pero fue recibida con la dignidad de quien es esperado por toda una ciudad.