Un informe de UNICEF revela que más de 35.000 niños fueron asesinados o mutilados en guerras entre 2021 y 2025
El impacto de las guerras modernas sobre la infancia alcanzó niveles críticos en el último quinquenio. Según el más reciente informe publicado por UNICEF, titulado “Explosive Weapons and Child Casualties in Conflict – Five Key Facts”, más de 35.000 niños y niñas perdieron la vida o sufrieron mutilaciones permanentes por el uso de armas explosivas en zonas de conflicto entre los años 2021 y 2025.
El documento del organismo de la ONU analiza la situación en 13 frentes bélicos —que abarcan desde Ucrania y Gaza hasta Sudán, Siria, Myanmar y Somalia— y evidencia un drástico cambio de rumbo: si en 2021 las armas de gran impacto explicaban el 54% de las víctimas menores de edad, para el año 2025 esa cifra trepó al 72% del total de los casos registrados.
El impacto letal de la tecnología y los drones
La transformación de las áreas urbanas pobladas en campos de batalla concentra hoy al 97% de las víctimas civiles. Aunque los bombardeos aéreos tradicionales continúan siendo la principal causa de muerte de menores (explicando casi el 30% de los ataques), la proliferación de drones en zonas residenciales introdujo una nueva dimensión de destrucción.
De acuerdo con el informe de UNICEF, los ataques con drones causaron más de 1.000 víctimas infantiles en el periodo analizado, alcanzando un pico de 415 niños confirmados únicamente durante 2025. La violencia de las deflagraciones en cascos urbanos es de tal magnitud que en el 20% de los menores asesinados o mutilados no fue posible determinar ni siquiera su sexo debido a la descomposición o destrucción de sus cuerpos.
Un sesgo en aumento y destrucción de infraestructura
El reporte detalla además que, del universo total de menores afectados por la violencia bélica en los últimos cinco años, los varones representaron el 50% de las víctimas, mientras que las niñas y adolescentes alcanzaron el 30%. Sin embargo, la proporción de mujeres menores afectadas muestra una tendencia constante al alza, pasando del 28% en 2021 al 33,5% en 2025.
Junto con las pérdidas humanas y los traumas psicológicos permanentes que enfrentan decenas de miles de sobrevivientes, el uso de armamento pesado arrasa sistemáticamente con las redes sanitarias, escuelas y plantas hídricas esenciales para la supervivencia.
Desde la vocería de UNICEF Italia, Andrea Iacomini instó a los gobiernos a respetar el derecho internacional humanitario, suspender la transferencia de armamento a zonas de combate y garantizar fondos estables para proteger a la infancia, al tiempo que remarcó la responsabilidad de las autoridades de visibilizar las crisis humanitarias que persisten fuera del foco público.