Córdoba: 30 mil hectáreas incendiadas terminaron con actividad agropecuaria
Un equipo del INTA Cruz del Eje estudió qué ocurre con el uso del suelo tras el paso del fuego. La mayor parte sigue en estado natural.

Por Gonzalo Dal Bianco
La mayoría de las hectáreas incendiadas entre 2004 y 2014, 10 años después continuaban en recuperación en estado natural. En muchos casos, con un ecosistema degradado, ya que en el caso de los bosques aún estaban lejos de recuperarse y en muchos casos todavía tenían la forma más elemental de pastizales o arbustales. Allí, después del fuego, no intervino la mano del hombre.
Pero el 13% de esas tierras sí habían cambiado el uso a una actividad agropecuaria.
El trabajo, realizado por investigadores del Inta Cruz del Eje, tomó casi 22 millones de hectáreas en distintas regiones del país y detectó que las zonas más afectadas y con mayor cambio en el uso del suelo se concentraron en provincias como Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa. El informe cobró relevancia luego de que se intentara avanzar con cambios en la Ley de Manejo del Fuego en el Senado, pero que el oficialismo debió retirar por falta de respaldo.
El trabajo encontró que 3 millones de hectáreas pasaron posteriormente de coberturas naturales a usos agrícolas, ganaderos o forestales.
El investigador principal, Nicolás Mari, dialogó con Puntal y explicó que “Córdoba tiene una participación menor”.
¿Cuál es la realidad cordobesa?
En Córdoba, la transición desde coberturas naturales hacia usos productivos fue del 3,5% de las áreas quemadas, mientras que los cambios entre distintas coberturas naturales alcanzan el 13,7%. Predominaron las transformaciones dentro de ambientes naturales por sobre la incorporación de tierras a actividades productivas.
¿De qué superficie de transformación hablamos en Córdoba?
Hay unas 30.000 hectáreas que pasaron a uso productivo.
¿Y en qué zona se concentran?
Mayormente en el norte, o centro-norte de la provincia. Coincide con que ahí hay mucha cobertura vegetal, mucho bosque, arbustal, pastizales.
El informe no habla de intencionalidad de los incendios, sino de lo que ocurre después; ¿puede haber cambio de uso por aprovechamiento de un incendio accidental o natural?
Totalmente. Sí, porque nosotros acá, con los datos que estamos trabajando, no podemos identificar si el incendio se provocó o forma parte de una ocurrencia natural. Y esto tiene cierto correlato con lo que es el régimen natural de ocurrencia de incendios que se da en forma distinta de acuerdo al lugar del país. Por ejemplo, La Pampa es una provincia que se reportan muchos incendios por causas naturales, por rayos. Esos incendios entran en la base de datos, y no tenemos forma de identificar si fue causal o no.
¿Y qué pasa con la explotación inmobiliaria, que siempre se insunúa a la hora de analizar incendios?
No pudimos identificar realmente, con datos, que haya una transición significativa hacia uso inmobiliario.
Una investigación con historia
La investigación tiene como antecedente un estudio sobre la relación entre el uso del fuego y la conversión de tierras forestales en Argentina, desarrollado en 2014 por investigadores del Inta y el Instituto Gulich (CONAE-UNC). Presentado en la XXVI Reunión Argentina de Ecología, ese trabajo cruzó información sobre áreas quemadas detectadas mediante sensores remotos, registros de deforestación y estadísticas de expansión agrícola.
“En ese momento encontramos un patrón, especialmente en el norte argentino: muchas superficies que habían registrado incendios luego aparecían incorporadas a la producción. Esa experiencia fue la antesala para profundizar el análisis con nuevas herramientas y mayor capacidad de procesamiento”, explicó Mari.
En ese sentido, se amplió la escala del análisis y se desarrolló una metodología para estudiar el fenómeno en todo el país. Para ello integraron imágenes satelitales de áreas quemadas del sensor Modis, los mapas anuales de cobertura y uso del suelo de MapBiomas Argentina y herramientas de procesamiento geoespacial.
Uno de los principales avances metodológicos fue contar con información anual sobre la dinámica de las coberturas del suelo. “Antes podíamos comparar una situación inicial y una final, pero ahora podemos reconstruir cómo va cambiando el territorio año a año. Esa disponibilidad de datos permite entender mejor la dinámica de los cambios de uso del suelo”, explicó el investigador del Inta.
El análisis tomó como período de referencia los incendios registrados entre 2004 y 2014. Luego se comparó la cobertura existente antes de ese período, en 2003, con la situación observada diez años después, en 2024. “Dejar pasar esos diez años permite identificar cambios consolidados. Si una superficie se quemó y una década después aparece como cultivo o pastura, significa que hubo una transformación permanente del uso del suelo”, señaló Mari.
Qué cambió y qué no
El estudio identificó 21,78 millones de hectáreas que registraron incendios al menos una vez entre 2004 y 2014. Al analizar su evolución posterior, se observó que la mayor parte mantuvo coberturas naturales.
El 53,6% de las superficies quemadas continuó con coberturas naturales —como bosques, pastizales o humedales— diez años después del incendio. En tanto, el 13,9% pasó de ambientes naturales a usos agrícolas, ganaderos o forestales, mientras que el 9,6% presentó cambios entre distintos tipos de coberturas naturales. Completan la estadística los suelos que tenían ya uso agropecuario previo y permanece o se reconfigura (13,97%), y aquellos definidos como “otros cambios / permanencias residuales” (9,91%).
“Uno de los aspectos más importantes que mostró el estudio es que la mayoría de las áreas quemadas no cambió de uso del suelo. Son zonas que se queman y diez años después siguen manteniendo una cobertura natural”, insistió Mari.
Cambios y fuego
Cuando esos resultados se compararon con la dinámica general del territorio argentino apareció uno de los principales hallazgos del estudio. Entre 2003 y 2024, 11,58 millones de hectáreas pasaron de coberturas naturales a usos agrícolas, ganaderos o forestales. De esa superficie, 3,02 millones correspondieron a áreas que habían registrado incendios previamente. En otras palabras, el 26,1% de esas conversiones ocurrió sobre superficies con antecedentes de fuego.
Además, las áreas que habían registrado incendios mostraron una frecuencia de cambio hacia usos productivos 3,3 veces mayor que la observada en el promedio del país.
La dinámica no fue homogénea en todo el país. Las mayores transiciones desde coberturas naturales hacia usos agrícolas, ganaderos o forestales se registraron en las provincias del norte del país.
“Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa reunieron la mayor superficie donde, después de un incendio, se produjeron transiciones hacia usos productivos”, explicó Mari.
En esas cuatro provincias, las coberturas naturales que, tras registrar incendios, pasaron a usos agrícolas, ganaderos o forestales suman 2,36 millones de hectáreas. Ese cambio representa el 25,3% de la superficie quemada de esas provincias. En otras regiones, la relación fue diferente. El Delta del Paraná y los Esteros del Iberá reunieron 5,92 millones de hectáreas con antecedentes de incendios, pero solo el 5,7% de esas superficies registró posteriormente una transición desde coberturas naturales hacia usos agropecuarios.