San Cayetano en Córdoba la fe popular marchó entre la angustia por la crisis y el reclamo de trabajo digno

Altamira fue una fiesta de fe y devoción: cientos de cordobeses marcharon por San Cayetano. Gentileza Paula Martini
Bajo un cielo despejado pero azotado por el viento invernal, la fe popular volvió a tomar las calles de barrio Altamira. En una Córdoba donde la crisis económica a nivel nacional se palpa en el día a día, el tradicional 7 de agosto dejó de ser un simple festejo religioso para convertirse en un desahogo colectivo de familias, jóvenes y jubilados que salieron a defender el plato de comida y la dignidad del hogar.
Las puertas de la parroquia de calle Río Paraná al 1200 permanecieron abiertas desde la primera misa de las 8, recibiendo a decenas de trabajadores que pasaron a encomendar su jornada antes de ingresar a sus puestos. Sin embargo, la mayor expresión de devoción se desató a las 16.20, cuando la imagen de San Cayetano cruzó el umbral del templo para iniciar una procesión de dos kilómetros por la barriada.
El paso del santo avanzó entre pañuelos blancos, espigas de trigo y murmuraciones de oraciones que delataban la angustia del presente: la de quienes buscan un empleo sin respuesta, la de las abuelas que rezan por el futuro de sus nietos y la de aquellos que pelean a diario por no perder su sustento.
A mitad del trayecto se sumó el arzobispo de Córdoba, el cardenal Ángel Rossi, quien caminó junto a los devotos hasta el altar levantado al aire libre para presidir la misa central.
Frente a una multitud silenciosa y visiblemente conmovida, Rossi pronunció una homilía con un fuerte contenido social, donde puso la mirada en las brechas y arbitrariedades de la realidad actual:
“El que hoy está preso es un naranjita”
En otro tramo de su mensaje, el arzobispo se refirió al duro momento que atraviesa la sociedad y apeló al deseo de un futuro con mayor justicia:
“Ojalá algún día la peregrinación sea en un 95% personas que agradezcan por tener trabajo digno. Estamos en tiempos muy difíciles”.
“Entre tanta falta de trabajo y tanta penuria, hay cosas que nos dan esperanza. El pastor viene a visitarnos y por eso estamos en tiempo de fiesta, en tiempo de espera”.
Al caer la tarde, con los puestos ambulantes juntando sus cosas y los vecinos retornando a sus casas, el eco de las oraciones en Altamira dejó en claro que, más allá de la devoción, el pedido de la gente sigue siendo el mismo de siempre: paz, pan y un trabajo digno para salir adelante.