Industria en modo defensivo: la falta de demanda paraliza las inversiones de las PyMEs cordobesas

La actividad industrial en la provincia de Córdoba no logra encontrar piso y se consolidó en una fase abiertamente contractiva durante el segundo trimestre del año. Según el más reciente relevamiento del observatorio “Pulso Productivo» de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), elaborado por Perspectivas Sociales sobre una muestra de más de 200 empresas locales, un 43% de los establecimientos registró caídas en sus niveles de producción, mientras que un 42% logró apenas mantenerse estable y tan solo un 15% reportó algún tipo de crecimiento.
La mirada interanual refleja con mayor severidad la magnitud del deterioro estructural: el 50% de las fábricas cordobesas declara estar en una situación peor a la del mismo período del año anterior, frente a un acotado 20% que logró mejorar su escenario. Lejos de responder a una oscilación estacional, desde la entidad fabril advierten que se trata de un ciclo vicioso de retroalimentación negativa que amenaza con profundizar la pérdida de tracción en el entramado productivo.
La caída del consumo iguala a la presión fiscal
El mapa de las principales dificultades que asfixian a las fábricas mostró un giro revelador en este último trimestre. Por primera vez, la falta de demanda igualó a la presión impositiva como el principal escollo para producir, afectando al 46% de las industrias encuestadas. El gran dilema del industrial cordobés ya no pasa únicamente por el costo de fabricación, sino por la creciente imposibilidad de transformar su capacidad instalada en ventas concretas debido al enfriamiento del mercado interno.
Detrás de este doble cuello de botella se encolumnan otros factores condicionantes como la incertidumbre macroeconómica y el costo laboral (ambos con un 22%), el costo financiero (18%), las tarifas energéticas (14%) y la apertura de importaciones (12%). Frente a este cuadro, el 70% de los empresarios de la provincia define su estado de ánimo como “expectante o preocupado”, al tiempo que un 16% se declara directamente “cansado y agotado”.
De la expansión a la preservación del capital
En este contexto de escasa previsibilidad, el ecosistema fabril adoptó una lógica estrictamente defensiva. El 46% de las empresas confirmó que no prevé realizar inversiones en el corto plazo, y aquellas que mantienen desembolsos redirigieron sus objetivos: la prioridad dejó de ser la ampliación de plantas o el crecimiento de escala para enfocarse en inversiones de preservación, centradas en innovación tecnológica, eficiencia operativa y capital de trabajo para sostener la competitividad sin perder terreno.
A este escenario defensivo se le suma la baja profundidad del sistema financiero. El 58% promedio de las PyMEs industriales debe recurrir a recursos propios para sostener su operación, ya que el crédito bancario muestra una participación acotada que solo gana peso en las firmas de mayor envergadura.
En cuanto al mercado de trabajo, el empleo funcionó como el último amortiguador del ajuste. Aunque el 64% de los establecimientos logró mantener su plantilla de personal, un 26% debió reducir su número de empleados, sintiéndose este impacto con mayor dureza en el segmento de las micro y pequeñas empresas. Con expectativas fragmentadas a 12 meses —donde solo un 27% augura crecimiento y un 32% proyecta mayores caídas—, la industria cordobesa enfrenta el desafío de adaptarse y resguardar su capital para evitar que el deterioro siga carcomiendo la capacidad productiva de la provincia.