Córdoba llora al Indio: banderas a media asta en el alma ricotera

A brillar Carlos Alberto "El Indio" Solari.
A esta hora, el país entero se siente un poco más frío. Cuando a las 9 de la mañana la noticia empezó a correr como un escalofrío por los teléfonos y las redacciones, se confirmó lo que nadie quería escuchar: Carlos Alberto «El Indio» Solari falleció a los 77 años en su casa de Parque Leloir.
No es una muerte que se mida en datos informativos; la noticia ya decantó. Lo que queda ahora es el eco de un dolor sordo, transversal, que excede por completo los márgenes del rock para convertirse en un duelo nacional histórico.
La intimidad en Parque Leloir: El parte de la familia
Desde el entorno más íntimo del músico se manejó todo con el hermetismo y el respeto que siempre caracterizaron su vida privada. El parte de la familia y los allegados más cercanos confirmó que el deceso se produjo en las primeras horas de la mañana, vinculada al cuadro neurodegenerativo del Síndrome de Parkinson contra el que venía batallando públicamente desde 2016 («Mr. Parkinson», como él mismo lo bautizó). Tras una descompensación, los médicos constataron el fallecimiento. Los suyos pidieron recordar su lucidez intacta, su serenidad ante el final de la vida —de la que había hablado hace pocos meses con una paz conmovedora— y transitar este dolor en la más estricta intimidad familiar.
El saludo de los grandes: El respeto de los pares
Las redes y los micrófonos se inundaron de mensajes de artistas de todas las vertientes, pero el impacto caló hondo en la comunidad musical del país.
A nivel nacional: Desde tempranito, figuras icónicas del rock y de la cultura dejaron sus respetos. El propio Skay Beilinson, su eterno compañero de mitología ricotera, conmovió con un adiós cargado de historia, marcando el fin de una sociedad irrepetible. También se sumaron voces de la música popular y personalidades de los medios como Mario Pergolini, quien levantó su programa en vivo al enterarse de la noticia.

El latido de Córdoba: En nuestra provincia, el dolor golpeó con una fuerza particular. Bandas y referentes del rock cordobés como Los Caligaris y Eruca Sativa expresaron su tristeza en las redes, destacando la enorme huella que dejó en el ADN de las bandas del interior. El mundo del cuarteto no se quedó al margen: la familia de La Mona Jiménez y la escena popular cordobesa manifestaron su absoluto respeto por un artista que, al igual que el Mandamás, supo congregar a las masas y entender las pasiones del pueblo como nadie. Incluso instituciones de la provincia, como el club Belgrano —de donde el Indio tenía muchísimos fieles devotos en sus tribunas—, publicaron sentidos pésames institucionales para acompañar a la marea de hinchas y socios golpeados por la pérdida.
Córdoba y el pogo improvisado: el encuentro de los fieles
A medida que pasaron las horas, la necesidad de no estar solos empujó a los fanáticos cordobeses a la calle.
Desde el mediodía, las inmediaciones del Paseo del Buen Pastor en Nueva Córdoba y la zona de la Plaza de la Intendencia se convirtieron en los epicentros espontáneos del dolor ricotero. Con banderas colgadas de las rejas, remeras negras gastadas de tantos viajes a Tandil, Olavarría o Mendoza, y parlantes portátiles donde suenan en bucle Jijiji, Esa estrella era mi lujo, Salando las heridas o Flight 956, cientos de jóvenes y no tan jóvenes se abrazan en un llanto colectivo.
No hay banderas políticas ni divisiones; hay pibes de 20 que nunca lo vieron en vivo y veteranos de las viejas misas de los años 90 compartiendo un vino en caja y cantando las letras como si fuesen rezos. Córdoba, que tantas veces copó las rutas argentinas detrás de su mística, hoy hace su misa propia, en silencio y con la garganta apretada, bajo el sol de la tarde. El pogo más grande del mundo hoy no se baila: se llora.